martes, 29 de marzo de 2011

Virginia.

Huyendo, así estás ahora,
como tantas veces,
huyendo,
corriendo sin prisa,
engañando, testimoniando.
Huyendo, corazón extinto,
de desazón y de hipocresía,
incendiando quimeras,
baldeando esquinas,
persuadiendo instantes
sembrando mentiras.

Huyendo,
como tantas otras,
esas cercanas, ordinarias,
matizadas, clandestinas…
que transitan y se duermen,
se acoplan y desaparecen,
desertan del silencio inerte,
se esconden del cielo fugaz.
Huyendo, corazón despavorido,
de insalubres pleonasmos
e impropios vaticinios…
predices el sarcasmo,
titubeando placeres, dudas, cansancios…
insomne te escondes,
recreando fantasías,
puñados de polvos,
grillos, melancolías.

Huyendo, partirás sin aliento,
hasta el filo de la ceguedad,
la inconciencia de la casualidad,
la historia nunca antes dicha,
el sueño que no se vivió.
Huyendo, corazón delator,
marginal e incongruente,
sin voz ni carisma,
que se tropieza y cae,
se tranca y no olvida.










viernes, 25 de marzo de 2011

Insuficiencia.

Insuficiencia.

Mis dedos gatillan dolor,
conmociones dormidas,
beneplácitos de escombros,
sequedad mental,
migrañas de ignorancia
que sudan amargura,
cañones de devoción,
llantos y ataduras,
como si nada fuese suficiente,
como si nada fuese ser lo que parece…

Amistades, amores,
humanos, caminantes,
…así es el fuego sin cielo, sin reino….
Ya no estás aquí, ahora,
ya no existes más, mañana,
nunca has estado ahí, ayer…

Revolviendo el café
mezclando mieles y sobras,
miro por la ventana,
trenes que se entrecruzan,
pasadizos que no se encuentran,
verdes florescencias,
crudos manantiales…
dónde lo único que encuentro,
o lo único que puedo percibir,
es insuficiencia de mi,
o carencia de ti.

sábado, 19 de marzo de 2011

Codex.

Clavado en la arena,
rendido a las profundidades,
soñando la brisa,
el viento que galopa
inocente,
temeroso,
avasallador, sin fin…     

Sedas descontroladas,
tinieblas de caricias que
bailan entre socavones,
y se abrazan reventando estrellas,
susurrando el atardecer,
inventando perpetuas bocanadas
que se es-fuman,
se descoloran,
olvidan,
claman…

lunes, 14 de marzo de 2011

Moribundo.

Creía que tus huellas,
esas que partieron desagarrando fugazmente todo a su paso,
y se mimetizaron en nubes repletas de rencor y codicia,
se volverían palabras de anhelo, calma y piedad…
piedad de tenerte cerca,
de sólo verte,
de sólo sentir que estabas ahí,
con ese miedo ancestral que transmiten tus ojos,
de los cuales temo y rechazo,
y sin embargo me embriagan de improviso con cristales que una vez pensé querías ofrecerme…

Pero no fue así,
tus huellas partieron dejando palabras irrespirables
las cuales quedaron atrapadas en nuestros sueños ,
más bien en los míos,
que son los de todos, únicos entre ellos que se entremezclan cavando tu apariencia
de prehistóricas promesas e incrédulas convicciones,
dejando entrever tardíos carnavales que confunden y desaniman esas provisorias claves de infortunio que creaste,
y que yo tome, voluntariamente,
como parte de un deseo intrínseco que pensé,
podrían volverse de alguna manera… realidad.

Pero no fue así,
la confusión alteró la lluvia con matices pérfidos e incongruentes,
quemando el cielo y secando las escasas lágrimas que dejaste al partir,
y sin poder hacer nada,
sin nada más que decir,  
me alejé de ti, para coronar la pocilga en la cual aún existo…

Es por esto que te has vuelto un desastre crematorio que sofoca mi andar,
y retuerce mis palabras como un ser pensante y malviviente,
provocando la ligereza fatal de mis actos,
junto a una desdicha inconmensurada,
como estelas de encanto que sólo yo puedo percibir,
avergonzándome de culpa y ofuscación,
mimetizando el tiempo sin prudencia,
creyendo, únicamente, en que llegará el día que te des cuenta,
que nunca quise ensuciar los colores con los que pintaste la abundancia,
ni la serenidad de esta puta desdicha…

Y fue en ese fatal error,
que me trasformaste en una despiadada caja de recuerdos y promesas inconclusas,
insufriblemente violentas para tu esencia translúcida e inofensiva,
en dónde sólo quise subrayar el eco insondable de mis deseos,
sin percatarme del mal que te había causado con la deficiencia de mis actos,
los cuales te hicieron tomar otros rumbos, otros caminos alejados de la indolencia...
y sin siquiera darte un segundo para pensar,
que esos actos eran sólo la causa de ésta profunda conmoción que has creado entre nosotros,
y que se altera cada a día haciendote desaparecer,
partiste junto a tus huellas,
cerrando las puertas cada noche,
con la esperanza de no volver, ni detenerte.